miércoles, 8 de julio de 2015



Mírate ahí, contemplando ese basto horizonte, como el mar en un día de verano, tranquilo, profundo e inmenso. Aguardando por ti. Aguardando a que te lances a nadar en él, y te sumerjas en cada desafío y experiencia que tiene para ti. 

Pero te quedas ahí, dejando tan solo que el agua te moje los pies, permitiendo que te muestre tan solo una parte de todo lo increíble que puede sucederte si te sumerjes. Porque lo ves tan amplio, tan hermoso y desconocido, que te asusta. Y te apartas.

Te asusta, y permites que el agua deposite la semilla de tus sueños, pero no eres capaz de zambullirte en la ola para cumplirlos. 


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